¿Puedes creer que no tengo ni una foto con mi papá?
Lo que sí tengo, y es inamovible e imborrable, son los recuerdos. Más que imágenes en mi mente, son sensaciones que quedaron grabadas en mi corazón; momentos que hoy se transforman en risas de gratitud, porque me siento profundamente agradecida de haber compartido con él diez años de nuestra vida.
Me sentí muy amada por él, muy consentida, cuidada, valorada, mirada y respetada… Todas estas formas de amor que él me expresó son las que quedaron guardadas para siempre en mí y aunque su partida física le destrozó el corazón a la niña que fui, hoy en día, en este presente vivo solo puedo sentir gratitud por lo que en ese tiempo de vida juntos vivimos.
¡Yo lo amé tanto!… Lo amo, porque a pesar de su ausencia física, lo siento energía viva en mis días y sé que nuestra relación es eterna pues somos mucho más que cuerpos.
Los recuerdos...
Nos encataba ver juntos a “Tom y Jerry” me encantaba el perrito que aparece en esos dibujos animados…. Era un bulldog inglés, ¿lo recuerdas?, como el gordo que ahora es parte de mis días… Sí, una sincronía hermosa porque a Rocky nunca lo busqué, él llegó a mi vida y tenerlo ha sido una bendición y pura alegría.
Bueno, continúo con los recuerdos, otra cosa que hacíamos era ver el fútbol o béisbol en familia, también íbamos los domingos a la piscina, cuando le iba muy bien en su trabajo hacía compras de comida y le llevábamos a otras familias que también tenían niños.
Un día llegué a casa por la noche. Había pasado todo el día en casa de mi abuela y, cuando entré, él me tapó los ojos y me dijo que tenía una sorpresa. Me llevó hasta el baño y, al descubrir mis ojos, encontré la sorpresa: un lavamanos nuevo, con espejo, muy bonito y cómodo. Antes de tener ese lavamanos, teníamos que salir al patio de la casa para cepillarnos los dientes. La impresión que me dejó fue que él siempre buscaba darnos lo mejor, cuidarnos y hacer nuestra vida un poco más cómoda.
Recuerdo que cuando íbamos a comprar zapatos, yo me enamoraba del calzado de niño, yo quería usar zapatos que para ese momento eran vistos como que “solo para varones” y a él eso no le importaba, terminaba comprándolos sin ningún juicio ni corrección… Él hacía todo lo posible por complacernos a mis hermanos y a mí, no tengo ningún recuerdo de regaños, palizas o juicios… ¡Gracias a Dios!
¡Claro! a veces también se pasaba de la raya.
Por ejemplo, cuando me hospitalizaron en el hospital pediátrico de Caracas, yo no debía comer chocolates y recuerdo que fue a visitarme y cuando se despidió me dijo que buscara algo debajo de la almohada, pues ¿Adivina qué había? sí, chocolates! jajajaj. ¡Tan atrevido!
Su Fe.
Él sentía una conexión profunda con la divinidad, en casa, en la parte de atrás, tenía su altar con velitas que le prendía a la Virgen, a Dios y a sus Santos.
Tenía una fe hermosa, recuerdo tener conversaciones con él sobre Dios, yo siendo muy niña no entendía muchas cosas, principalmente lo de la creación del mundo y él amorosamente y a su manera me lo explicaba. Quiero pensar que tal vez, de su conexión con Dios también emergió la mía.
Cuando de niña me diagnosticaron la enfermedad en la pierna, no dudó en llevarme al Santuario del Doctor José Gregorio Hernández, en Isnotú, un pueblo del estado Trujillo allá en Venezuela.
Èl no tenía duda que un Milagro me sanaría y cuando esto pasara volveríamos juntos a agradecerle al doctor! La enfermedad se desvaneció, pero, no pudimos volver a Isnotú porque mi padre al cielo se marchó.
Podría seguir hablando de él...
Escribo esto y se me salen las lágrimas, no de tristeza, sino de amor. Que afortunada soy
¡Qué afortunados mis hermanos y yo de haberlo tenido esos años!
Ayer, en el día del padre me daba cuenta una vez más que no tengo ninguna foto con él, pero enseguida llegaban todos estos recuerdos, y las sensaciones en el cuerpo se sentían, la expansión en el corazón presente y la gratitud desmedida. No lo siento lejos ¿sabes? está muy vivo en mí.
Soy amante de capturar momentos, me encanta fotografiarlo todo, y sin embargo, la vida me recordó que lo más importante no es una imagen sino la experiencia, esa que se queda grabada en el cuerpo, esa a la que puedes volver aunque la imagen algún día ya no esté.
Me alegra cerrar los ojos y encontrarlo siempre, me alegra la oportunidad de habernos vivido.
¡Gracias vida!
¡Gracias Pa! Por tanto amor.
¡Que mi vida te honre, Freddy Albarracín!
y Gracias a ti por llegar hasta aquí.
Con amor, Liss.




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